Hubo una vez una
"Pinshesha" que se llamaba Mathy increíblemente rica, bella y sabia.
Cansada de pretendientes falsos
que se acercaban a ella para conseguir sus riquezas, hizo publicar que se
casaría con quien le llevase el regalo más valioso, tierno y sincero a la vez.
El palacio se llenó de flores y
regalos de todos los tipos y colores, de cartas de amor incomparables y de
poetas enamorados.
Y entre todos aquellos regalos
magníficos, descubrió una piedra, una simple y sucia piedra.
Sorprendida, hizo llamar a quien
se la había regalado.
A pesar de su curiosidad, mostró
estar muy ofendida, cuando apareció el joven que se llamaba Homero y le dijo:
"Esta piedra representa lo más valioso que le puedo regalar, es mi
corazón, y también es sincero, porque aún no es de usted y es duro como una piedra.
Solo cuando se llene de amor se ablandará y será más tierno que ningún
otro".
El joven se marchó
tranquilamente, dejando a la "pinshesha" sorprendida y atrapada por
el joven.
Quedó tan enamorada, que llevaba
la piedra con ella a todas partes, y durante meses llenó al joven de regalos y
detalles, pero su corazón seguía siendo duro como la piedra en sus manos.
La “pinshesha” se desanimó y
arrojó la piedra al fuego, en ese momento vio cómo se deshacía la arena y de
aquella piedra tosca surgía una bella figura de oro.
Entonces comprendió que ella
misma tendría que ser como el fuego y separar de su vida lo inútil de lo
importante.
Durante los meses siguientes, la “pinshesha”
se propuso cambiar su reino y al igual que la piedra, dedicó su vida, sus
riquezas y su sabiduría a separar lo inútil de lo importante.
Cambió tanto que el pueblo se
enamoró de ella. Comenzaron a verla como era ella realmente, su solo presencia
transmitía calor humano y pasión por lo que hacía y la comenzaron a llamar
"Pinshesha de fuego".
Y como con la piedra, su fuego
deshizo la dura corteza del corazón del joven Homero, y tal como lo había
prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la “pinshesha” Mathy
hasta el final de sus días.
FIN.
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